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Integrar la Torá en la propia vida a través de la reflexión y la conversación puede ser una experiencia increíblemente divertida y atractiva. Es un viaje de descubrimiento, en el que la sabiduría ancestral y las enseñanzas intemporales cobran vida en nuestras experiencias cotidianas. A través de la reflexión, tenemos la oportunidad de sumergirnos en el rico tapiz de la Torá, extrayendo profundas ideas y lecciones que resuenan en nuestras vidas modernas. La alegría reside en los momentos "ajá", aquellos en los que un versículo o una historia de la Torá conectan de repente con nuestros retos, aspiraciones y valores personales. Y cuando participamos en conversaciones sobre la Torá con otras personas, se convierte en una exploración interactiva, en la que diversas perspectivas e interpretaciones mejoran nuestra comprensión. Estos diálogos a menudo despiertan el entusiasmo y la curiosidad intelectual, haciendo que el proceso de aprendizaje sea agradable y satisfactorio. La Torá se convierte en una parte vibrante y dinámica de nuestras vidas, que nos ofrece no sólo orientación, sino también una fuente inagotable de fascinación, conexión y crecimiento.
NOTA: No te sientas obligado a consultar todas las fuentes ni a responder a todas las preguntas, a menos que quieras hacerlo. Incluso una sola fuente o una sola pregunta te dará mucho material para debatir y meditar. Disfrútalo.
Algunas reflexiones sobre la Parashá Nasso (y Pirkei Avot)
“Cuando un hombre o una mujer cometan algún pecado… entonces confesarán el pecado que han cometido…” (Números 5:6–7)
La porción de la Torá de Nasso Abre una amplia ventana a la vida moral y emocional del individuo. En su esencia, se encuentra un momento profundamente humano: cuando alguien reconoce que ha actuado mal y lo expresa en voz alta. Esta confesión verbal no es solo un sentimiento interno de arrepentimiento, sino un acto verbal de verdad. El acto de confesión (vidui) es el primer paso de un proceso espiritual más amplio conocido como teshuvá, o regresar.
Mientras teshuvá En su estructura halájica completa, se aplica a los judíos; sus elementos esenciales —honestidad, responsabilidad y el deseo de reparar lo dañado— son universalmente relevantes. Toda persona puede practicar esta valentía moral. Un noájida que viola las leyes universales que incumben a toda la humanidad también puede esforzarse por reparar el daño causado, buscar la reconciliación y crecer en dignidad espiritual. La Torá incluso prevé cuándo no hay nadie que reciba la restitución: esta se dirige a Dios, a través del sacerdote. Esto enfatiza la responsabilidad última de todo ser moral ante su Creador, incluso en asuntos invisibles.
La música del servicio
Más adelante en la parashá, encontramos una frase peculiar: “avodat avoda”—“el servicio del servicio”. Los sabios explican que esto no se refiere a los rituales centrales del Templo en sí, sino al acompañamiento musical que proporcionaban los levitas durante las ofrendas. ¡Qué idea! Esa música alegre no es ornamental, sino esencial para el servicio sagrado. Los levitas no se limitaban a cantar; facilitaban la alegría, llevándola a un espacio de asombro y estructura.
Esto resuena con un tema que se encuentra en el Libro de Deuteronomio, donde los castigos por la desobediencia nacional se remontan en última instancia a una cuestión central: “Porque no serviste al Señor–”Dios te salve con alegría y bondad de corazón” (Deuteronomio 28:47). El Arizal enseñó que este versículo es clave para comprender la reprensión: que la alegría no es opcional. Dios desea un servicio alegre.
Para los noájidas, este es un mensaje profundo. No se les ordena ofrecer sacrificios ni realizar los intrincados rituales del Templo, sino que se les invita a vivir un servicio alegre, a infundir reverencia, gratitud y propósito en su vida cotidiana. Su música puede ser la forma en que saludan a los demás con calidez, la forma en que elevan su trabajo con integridad o la forma en que traen paz a su hogar y comunidad. Este es su "avodas avoda".“
Amor, disciplina y dignidad humana
Las enseñanzas éticas de Hillel y Shammai, que aparecen en Pirkei Avot, Ofrecen perspectivas complementarias sobre lo que implica la vida espiritual. Hillel nos enseña a buscar la paz, amar al prójimo y acercarlo a la verdad. Shammai enseña moderación, constancia y una actitud alegre basada en el asombro ante la imagen divina que habita en cada persona.
Estas no son visiones contradictorias; son dos caras de una personalidad moral completa. Se requiere amor y misericordia, pero también firmeza y disciplina. Estas enseñanzas refuerzan que la espiritualidad no es meramente vertical (entre nosotros y Dios), sino también horizontal (entre nosotros y nuestros semejantes).
Para los noájidas, la moraleja es clara: tratar a los demás con dignidad no es solo ética, sino parte de tu servicio espiritual. Cuando controlas tu ira, sonríes a los demás y buscas la paz incluso cuando te cuesta, honras a Aquel que nos creó a todos.
Ahora, reflexiona sobre las siguientes preguntas:
- ¿Qué formas de “música” incorporo a mi práctica espiritual? ¿Qué aporta alegría y armonía a mi relación con lo divino?
- ¿Cómo puedo expresar responsabilidad espiritual a través de una autorreflexión honesta y actos de reparación?
- ¿Qué significa para mí “servir a Dios con alegría” en mis circunstancias de vida actuales?
- ¿Me acerco a los demás con calidez y respeto, como criaturas hechas a imagen de Dios?
- Cuando me han hecho daño, ¿puedo buscar la paz sin comprometer la integridad?
¡Shabbat Shalom!
Por el rabino Tani Burton
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