Cada persona merece honor y respeto por el mero hecho de ser humana. Aquellos a quienes amas y a quienes no amas, quienes te desean el bien y quienes se oponen a ti, todos (incluyéndote a ti) son dignos de honor, pues encarnan un alma divina creada a imagen y semejanza de Dios. Como solo somos humanos, estamos marcados por cicatrices y marcas, doblegados y heridos, pero estas imperfecciones son solo superficiales. Al mirar más allá, se revela el resplandor de un alma santa. Desarrolla la capacidad de ver el alma y ríndele homenaje.

– Alan Morinis (El Instituto Mussar)

Por el rabino Michael Skobac

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