“No te harás ningún ídolo…” (Éxodo 20:4)

El hebreo aquí es “Lo ta'aseh lecha pesel”, que comúnmente se traduce como enseñarnos a no hacernos un ídolo. ¡Pero también puede implicar que no debemos convertirnos en un ídolo!

La idolatría es, en última instancia, anteponer la propia voluntad a la del Todopoderoso. Servirse a uno mismo en lugar de servir a Dios.

El Salmo 81:10 nos advierte: “No habrá dios ajeno en ti…”. Nuestros sabios enseñan que quien explota de ira es como si hubiera practicado la idolatría (Shabat 105b). Este tipo de explosión es una sobreextensión de nuestro ego hacia el mundo que, en última instancia, nos impone como un dios. La idolatría no es solo un desafío antiguo que desapareció como el pájaro dodo. Todos la enfrentamos a diario.

Por el rabino Michael Skobac

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