“Hizo también la fuente de bronce, y su base de bronce, de los espejos de las mujeres que se habían reunido a la puerta del tabernáculo de reunión” (Éxodo 38:8).

Rashi cita aquí una enseñanza midráshica que dice que, al principio, Moisés no quería aceptar los espejos donados por las mujeres porque se usaban para maquillarse y adornarse. Moisés consideraba que su uso para atraer y excitar al sexo opuesto era inapropiado para el Tabernáculo. Pero Hashem le dijo a Moisés que esos espejos eran más preciados para Él que todas las demás contribuciones hechas al Tabernáculo, porque las mujeres los usaban para embellecerse para sus esposos durante la servidumbre en Egipto. 

Los hombres estaban tan exhaustos y desanimados por el trabajo agobiante que se les imponía que perdieron el deseo de estar con sus esposas y engendrar hijos. Con estos espejos, las mujeres animaban a sus maridos y mantenían la continuidad de la nación.

Este Midrash destaca una idea central de la Torá: que uno de los principales objetivos de la creación es elevar el mundo físico, orientándolo hacia la santidad. Al hacerlo, transformamos lo físico/material al nivel espiritual.

Por el rabino Michael Skobac

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