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Al final del Libro de Eclesiastés (Kohelet) está escrito:

“El resumen del asunto, cuando todo se ha oído: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre.” (Eclesiastés 12:13).

El versículo que concluye el Libro de Eclesiastés, es la conclusión final y la esencia de todo el recorrido y búsqueda filosófica del Rey Salomón documentada en el libro.

“Sôf davar” (La suma del asunto) significa la conclusión final, el resultado final, después de examinar y sopesar todas las posibilidades y vanidades del mundo (como la riqueza, la sabiduría, los placeres y el dolor). Cuando todo se haya escuchado/que todo se escuche significa que ahora, después de toda la búsqueda, el mensaje más claro y sencillo es que hay que escuchar y prestar atención. No hay necesidad de buscar filosofías complejas ni significados ocultos; la verdad es básica y accesible.

“Temer a Dios” se refiere al sentimiento interior y a la relación adecuada con el Creador. Este “temor” no es necesariamente terror, sino asombro y reverencia: un reconocimiento de la inmensa grandeza de Dios. Esto conduce a la humildad, la prudencia en las acciones y el respeto por Su voluntad. Esta es la sumisión emocional. “Y guardar Sus mandamientos” se refiere a la acción misma: cumplir las leyes y directrices dadas por Dios (ya sean las 613 Mitzvot para el pueblo judío o los Siete Mandamientos Noájidas para el resto del mundo). Esta es la manifestación práctica del asombro interior. “Porque este es el deber completo del hombre”. Esta es la parte clave que da sentido a la existencia humana.

Todo el destino y propósito del hombre en el mundo. Todo lo que una persona hace en la vida —sabiduría, estudio, trabajo— debe converger, en última instancia, hacia el servicio a Dios mediante su reverencia y el cumplimiento de sus mandamientos. Es decir, el cumplimiento de los mandamientos y el temor a Dios atañen a todos los seres humanos.

Tras examinar todas las maneras posibles de alcanzar la felicidad, el rey Salomón llegó a la siguiente conclusión: la única manera de encontrar un sentido permanente a la vida es mediante la conexión con el Creador. La infinita grandeza de Dios está muy por encima del entendimiento humano, pero Él es el bien supremo.

El versículo enseña que no se debe buscar el significado en el estatus externo, la riqueza ni los logros efímeros, sino en el acto básico y fundamental de reconocer al Creador, reverenciarlo y cumplir los mandamientos éticos y espirituales que Él dio a toda la humanidad (7 Leyes Noájidas) y al pueblo judío (613 Mandamientos). Esta es la esencia intrínseca y eterna de la existencia humana.

Por el rabino Moshe Bernstein

En Libro de Eclesiastés (Kohelet) Se lee tradicionalmente durante la Fiesta judía de Sucot (la Fiesta de los Tabernáculos).




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