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La parashá “Beshalaj” se centra en uno de los momentos más sublimes de la historia de la humanidad: el Cántico del Mar (Shirat HaYam). Tras años de esclavitud en Egipto, y en el milagroso momento de la salvación a orillas del Mar Rojo, los Hijos de Israel prorrumpieron en un cántico de alabanza y gratitud al Creador del mundo. El Cántico del Mar no se cantó solo por el milagro momentáneo de la división del mar, sino por toda la trayectoria del Pueblo de Israel. La clave de la gratitud constante reside en la capacidad de mirar hacia atrás, de la manera correcta, hacia el pasado.


Cuando una persona se detiene un momento y reflexiona honestamente sobre su camino en la vida, descubre que incluso en los momentos más difíciles, la Mano de Dios estuvo presente. Esas casualidades que nos salvaron, esas personas que aparecieron justo cuando las necesitábamos, son nuestros milagros personales. Mirar atrás nos permite ver que Dios nos ha hecho grandes favores, y este es el punto de partida para la verdadera gratitud.


Aunque la gratitud no es explícitamente uno de los Siete Mandamientos Noájidas, es una piedra angular en el servicio a Dios. Un noájida también puede expresar gratitud al Creador mediante un sacrificio. Halájicamente, a los noájidas se les permite ofrecer holocaustos voluntarios (Olá). La gratitud por un milagro o una salvación se considera la motivación más noble y natural para ofrecer un sacrificio.

En el libro de Jonás, los marineros, después de presenciar el milagro de la calma del mar, experimentaron un despertar espiritual y ofrecieron sacrificios (“Y ofrecieron un sacrificio al Señor”) como una expresión inmediata de agradecimiento y asombro después de ser salvados.

Hoy en día, no es aconsejable ofrecer sacrificios físicos hasta la construcción del Templo Sagrado, ya que el proceso requiere conocimientos y experiencia específicos. En cambio, ofrecemos los sacrificios de nuestros labios mediante la oración y la caridad.


La gratitud a Dios es un componente fundamental de nuestra vida; nos capacita para apreciar lo que tenemos y la bondad que nos rodea. Quien practica la gratitud se convierte en una persona que reconoce los dones del Creador. Esta perspectiva es la etapa preliminar esencial para cualquier servicio auténtico a Dios y para cumplir las Siete Leyes Noájidas con alegría interior.


Respecto a la era mesiánica, los Salmos afirman: “Entonces nuestra boca se llenará de risa y nuestra lengua de cánticos” (Salmo 126:2). Los profetas nos informan que, en el futuro venidero, toda la humanidad reconocerá la bondad absoluta del Creador. El cántico que comenzó a orillas del Mar Rojo fue la preparación para el “Cántico Nuevo” que llenará el mundo entero: un cántico de reconocimiento absoluto de la infinita unidad de Dios.

Por el rabino Moshe Bernstein

Fuente: Tratado Menjot 73b. Tratado Zevachim 118a. Leyes de los reyes de Rambam 10:10.




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