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La rebelión de Koraj contra Moisés plantea una pregunta profunda: ¿Cómo pudo una asamblea entera, incluyendo individuos justos y estimados, desafiar la autoridad profética de Moisés, especialmente después de que Dios le había prometido explícitamente a Moisés: “También creerán en ti para siempre” (Éxodo 19:9)?

No se trataba de un simple desacuerdo. Los 250 hombres que querían ofrecer incienso eran líderes, personas justas. Además, su afán por ofrecer incienso no se entiende, pues sabían que Nadav y Avihú habían perecido al hacerlo (Levítico 10:1-2) y que ofrecer incienso sin autorización era una ofensa capital.

Koraj y su compañía no negaron la profecía de Moisés ni la palabra de Dios. Su error residió en creer que podían alterar los mandamientos divinos y establecer un nuevo orden. Sabían que Dios había transferido el sacerdocio de los primogénitos a Aarón y sus descendientes. Esto los llevó a creer erróneamente que ellos también podían lograr un cambio y quizás adquirir el sacerdocio.

Lo que realmente los motivó fue el anhelo de cercanía a Dios, el deseo de servirle en la capacidad más sagrada. Esta aspiración, en sí misma, es sumamente positiva, tanto que incluso el propio Moisés reconoció: "¡Yo también querría eso!". Anhelaban el Sumo Sacerdocio. Sin embargo, no comprendieron que el sacerdocio, por decreto divino, no era transferible por iniciativa humana. No se pueden cambiar los límites que Dios mismo estableció en la creación. El anhelo de cercanía a Dios es un impulso sagrado. Por un lado, debemos despertar un profundo anhelo espiritual en nuestros corazones: el deseo de estar cerca de Dios y servirle. Esta aspiración es inherentemente positiva y eleva el espíritu humano.

Por otro lado, es crucial nunca desafiar ni intentar alterar el orden divino ni los mandamientos que Dios nos ha dado. Para los noájidas, esto significa aprender y observar diligentemente las Siete Leyes Noájidas Universales, dadas por Dios a través de Moisés. Estas leyes son nuestro camino directo para servirle y construir un mundo justo. Está prohibido añadir o quitar elementos a estas Siete Leyes, lo que incluye no crear una nueva religión.

El anhelo por Dios, canalizado mediante la adhesión a su voluntad, nos otorga acceso a la santidad. Nuestra elevación espiritual no proviene de desafiar su orden designado, sino de la humilde aceptación y la práctica dedicada de los mandamientos que nos corresponden. A través de este camino, cumplimos nuestro propósito único y nos acercamos al Creador, contribuyendo así a acelerar la Redención final para toda la humanidad.

Fuente: Likutei Sichos vol. 18 página 187. Éxodo 19:9.

Por el rabino Moshe Bernstein



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