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En Parashat Mishpatim, la Torá establece la infraestructura para establecer una sociedad enderezada. Uno de los mandamientos más sorprendentes es: “No hagas acepción de personas con el pobre en su pleito” (Éxodo 23:3). A primera vista, esto parece casi contrario a la naturaleza humana. ¿Acaso la Torá, que predica la misericordia, la bondad y la ayuda a los pobres, nos instruye específicamente aquí a detener nuestra compasión?
El mandamiento de los Dinim (Leyes) es una obligación positiva y proactiva para los Hijos de Noé. La Torá advierte al juez, y a la sociedad en su conjunto, contra la tendencia emocional a inclinar el juicio a favor del pobre simplemente por su pobreza. La justicia es un valor absoluto que no depende del estatus socioeconómico. Como dictamina Maimónides (Leyes del Sanedrín, Capítulo 20, Ley 7), el propósito de un tribunal es la búsqueda de la justicia, no la práctica de la caridad.
La mitzvá de los “Dinim” no es meramente técnica; nos exige depurar nuestro sistema judicial y nuestra conciencia social de prejuicios. La igualdad ante la ley es la única garantía de que los pobres también puedan vivir con seguridad. En la era moderna, este mensaje cobra aún mayor peso. Asistimos a un fenómeno en el que grupos o individuos exigen inmunidad moral ante la ley. La Torá enseña que nadie está exento de cumplir la ley.
La obligación de “no hacer acepción de personas en los tribunales” exige de nosotros una postura clara: no estar del lado de los fuertes por su poder, ni del lado de los débiles por su debilidad, sino de la Justicia Divina.
¿Hemos renunciado a la compasión al hacerlo? Por supuesto que no. Cuando una sociedad se comporta con Justicia Divina según las Siete Leyes Noájidas, la mayoría de los daños a los débiles se previenen automáticamente. Para los Hijos de Noé, a quienes se les ordenó establecer un sistema legal, este es un cimiento fundamental para rectificar el mundo. Construir una sociedad donde la verdad sea la luz que guíe el sistema, sin prejuicios, es la manera de preparar al mundo para ser un instrumento que cumpla la voluntad de Hashem. Solo mediante un sistema de verdadera justicia podemos crear un espacio donde la paz pueda existir.
Por el rabino Moshe Bernstein
Fuentes: Maimónides, Leyes del Sanedrín 20:7. Éxodo 23:3.
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