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En nuestra parashá, estudiamos la obligación noájida de dar caridad, mencionada dos veces en la parashá, cada vez con una doble expresión. El primer mandamiento es: “Abrirás tu mano”, y el segundo: “Le darás”. En ambos mandamientos, la Torá usa una doble expresión: “abre, abrirás” y “da, darás”.”

Esta doble expresión significa que la obligación de dar caridad no se limita a una sola vez, sino que se requiere dar repetidamente. La Torá enfatiza que una persona debe proveer a los necesitados con lo que necesitan. Este doble lenguaje enfatiza que la caridad debe darse repetidamente, y la lucha contra la inclinación a no dar es una parte crucial del mandamiento (¿a alguien le gusta dar su dinero?). Superar esta lucha revela la fuerza divina dentro de la persona, lo cual se considera un acto especialmente meritorio. Esta puede ser una necesidad material o espiritual. En ambos casos, debemos esforzarnos por proveer a los necesitados.

En cada acto de caridad, la persona debe abrir su corazón y su mano, y debe evitar, Dios no lo quiera, una situación en la que su corazón se endurezca y su mano se cierre. El destacado comentarista Rashi dice que debemos repetir el acto de caridad "incluso cien veces". Esto significa que evitar cualquier limitación en este mandamiento genera una abundancia ilimitada para quien lo realiza. La forma en que uno trata a los demás, exactamente de esa manera, es tratado desde el cielo.

La conexión entre la caridad y la redención radica en que ayuda a los necesitados, pero también purifica y eleva a quien la da. Al dar caridad, una persona imita la bondad y la misericordia de Dios, trayendo así más gracia divina al mundo. La acumulación de tales actos de bondad acelera la llegada del Mashíaj y la redención final. Esto se enfatiza particularmente durante el mes de Elul, previo a Rosh Hashaná, cuando un aumento en los actos de caridad es una buena preparación para el juicio del nuevo año judío, una festividad en la que se juzga al mundo entero. Esta preparación también aplica para los Noájidas. Cuando damos mucha caridad, sin duda esto podría derramar sobre nosotros bendiciones con un año bueno y próspero.

Por el rabino Moshe Bernstein

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