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La porción de la Torá de Shoftim describe los jueces que deben ser nombrados y la importancia de establecer un sistema de justicia justo. En Deuteronomio 16:18, la Torá enfatiza la necesidad de jueces justos que dicten sentencias justas, sin sesgo ni corrupción, y garanticen el cumplimiento de la ley conforme a los principios de la Torá.
Para el pueblo judío, este mandamiento es fundamental. Se espera que los jueces designados sean personas íntegras, sabias y con un profundo conocimiento de la Torá, que garanticen que sus decisiones se ajusten a los principios divinos. Todo esto aplica también a los noájidas. Este mandamiento tiene una aplicación directa al mandamiento de los no judíos de establecer tribunales. Esto requiere el establecimiento de un sistema legal que respete las siete leyes de Noé, principios universales otorgados por Dios a toda la humanidad. Estas leyes sirven como infraestructura para una sociedad moral y justa, y el establecimiento de tribunales es esencial para su aplicación.
Los tribunales noájidas desempeñan un papel crucial en la promoción de la moralidad en el mundo. Estos tribunales tienen la capacidad de crear una sociedad alineada con la voluntad y la sabiduría divinas. La responsabilidad de los tribunales no solo reside en castigar a los criminales, sino también en educar, advertir y guiar a la comunidad para que observe los siete mandamientos.
Un juez en un tribunal noájida debe ser una persona temerosa de Dios, profundamente comprometida con la justicia y familiarizada con las siete leyes de Noé y sus principios básicos. Esto requiere un profundo conocimiento de las fuentes bíblicas, las interpretaciones y las interpretaciones legales relevantes, desarrolladas a lo largo de siglos. Dicho juez debe dedicarse a defender estas leyes, asegurándose de que sus fallos reflejen las enseñanzas morales y éticas que estas leyes pretenden transmitir. Podemos ver lo que sucede a escala global cuando el sistema judicial no se alinea con la voluntad de Dios; esto podría generar resultados caóticos.
La obligación de establecer tribunales noájidas se enmarca en un contexto más amplio. Su propósito es crear una sociedad que honre la voluntad de Dios, promueva la moralidad y garantice la justicia. Al nombrar jueces justos y comprometidos con estos principios, podemos iniciar un proceso positivo hacia un mundo que refleje el orden divino, donde cada individuo reciba justicia y respeto, y donde la justicia se preserve en todos los aspectos de la vida.
Por el rabino Moshe Bernstein
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