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La Parashá Shoftim sienta las bases de un sistema judicial, enfatizando la importancia de la justicia, la integridad y la verdad. Instruye al pueblo de Israel a establecer tribunales en cada ciudad para juzgar a la nación con justicia. En el centro de este concepto, los jueces son vistos no solo como funcionarios públicos, sino como agentes para implementar la voluntad de Dios en la tierra.

Este concepto tiene una profunda conexión con las Siete Leyes Noájidas. Estas Leyes conforman el sistema moral universal otorgado a toda la humanidad, y una de las más importantes es el mandamiento de los Dinim (Leyes de Justicia). Este mandamiento exige que todas las personas establezcan un sistema legal para hacer cumplir las demás leyes y garantizar que el mundo se rija por la justicia y la integridad.

En la Torá y la tradición judía, se hace especial hincapié en la integridad de los jueces. Las severas advertencias de la parashá —”No perviertas la justicia”, “No muestres parcialidad”, “No aceptes soborno”— se basan en la comprensión de que los jueces son quienes ponen en práctica la voluntad de Dios. Donde no hay justicia, no hay presencia divina.

Al igual que el pueblo de Israel, a los noájidas también se les ordenó establecer un sistema judicial. El mandamiento de los Dinim les impone la responsabilidad de prevenir la anarquía y el caos absoluto en el mundo. Los obliga a nombrar jueces e instituir leyes que mantengan el orden social y moral. En este sistema, también, los jueces son los designados para aplicar la justicia divina en el mundo.

La Torá enfatiza: “Justicia, justicia, perseguirás, para que vivas y poseas la tierra”. El juicio justo no solo es un medio para mantener el orden social, sino también una condición necesaria para la existencia del mundo. Cuando el sistema judicial funciona correctamente, los jueces expresan la providencia divina sobre el mundo.

La Parashá Shoftim enfatiza la importancia del juicio justo, un principio fundamental de las Leyes Noájidas. Los jueces son quienes representan la justicia divina y la implementan, convirtiéndose así en cómplices de la existencia del mundo.
Fuentes: Deuteronomio 16:18-20. Likutei Sijot vol. 29 Parashá Shoftim.

Por el rabino Moshe Bernstein



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