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Imaginemos a una persona intentando conectar con alguien muy rico y ocupado. La persona común no podría conectar con la persona importante a menos que esta le diera instrucciones sobre qué hacer. Al seguir las instrucciones, la persona común conecta con la persona importante. Esto es solo una parábola. De igual manera, al cumplir los mandamientos, la persona común conecta con el Creador Infinito.

La palabra hebrea mitzvá, derivada de tzavta (conectar), une a la persona con el Santo, bendito sea. Mediante estos actos, la persona adquiere valor al alinearse con la voluntad del Creador. La mitzvá conecta a un ser humano limitado con el Santo, bendito sea, quien la ordenó. La mitzvá crea una conexión infinita entre la persona y el Creador cuando esta cumple sus mandamientos.

La persona misma es incapaz de crear una conexión entre sí misma y el Creador. Desde su propio valor intrínseco, no hay manera de salvar la brecha entre lo finito y lo infinito. Cuando el Santo, bendito sea, nos dio sus mandamientos, nos brindó un camino para conectarnos con Él.

Los Siete Mandamientos Noájidas ofrecen un camino de conexión. Son más que pautas morales: son invitaciones divinas. Así como una persona común no puede acercarse a un gran líder sin guía, la humanidad no puede alcanzar al Creador Infinito a través de la capacidad humana. Las mitzvot, como expresiones de Su voluntad, cierran esta brecha. A través de estos actos, la existencia de la persona cobra sentido.

Fuente: Likutei Sichos, Volumen 7, Página 30

Por el rabino Moshe Bernstein



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