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En el Libro del Éxodo (7:14-15), el Creador le ordena a Moisés embarcarse en una misión con un tiempo y lugar precisos: “Ve al Faraón por la mañana; he aquí que él sale al agua, y tú estarás a su encuentro en la orilla del Nilo”. Rashi explica la razón oculta detrás de este encuentro temprano: el Faraón se presentó como un dios, afirmando que, como ser divino, no tenía necesidades fisiológicas como la carne y la sangre. Para mantener esta mentira, el Faraón se levantaba temprano para ir al Nilo en secreto, sin ser visto, para hacer sus necesidades allí. El Faraón sabía bien que no era más que carne y sangre, pero inventó falsos mitos y los difundió para que su pueblo lo siguiera ciegamente.
¿Por qué Dios eligió enviar a Moisés específicamente a este lugar a esta hora exacta?
La orden a Moisés pretendía ser un encuentro cara a cara en el momento humano más vergonzoso del Faraón, y estaba diseñada para romper la máscara de mentiras y dejarle claro que su secreto había sido revelado y conocido. El Nilo era el símbolo del poder de Egipto y su deidad central. El mensaje de Moisés al Faraón fue claro: ’Intentas ocultar tu humanidad dentro del Nilo, pero he aquí, golpeo el agua con la vara y la convierto en sangre“. Dios lo castigó explícitamente por afirmar su autocreación (Ezequiel 29:3). Con esto, se demostró que el Faraón no es un dios ni el Nilo una fuente independiente de poder; ambos son seres creados.
Para los hijos de Noé, la prohibición de la idolatría es el primer y más fundamental mandamiento. Era necesario socavar la autoridad moral y religiosa del Faraón ante sus propios ojos y ante los de su pueblo para allanar el camino a la fe en un solo Dios. Ir al Nilo por la mañana era un gesto de desmitificación: desvelar la gran mentira del Faraón. Cuando se exponen la debilidad del falso "dios" y la absoluta falsedad de la idolatría, la verdad divina puede iluminar con toda su fuerza.
La idolatría es la práctica de otorgar importancia o poder excesivo a un objeto o entidad creada. De igual manera, cuando alguien cede a la ira, con frecuencia pierde el control y permite que sus emociones tomen el control, desplazando la mente racional e ignorando la providencia divina. Por lo tanto, la ira a veces se considera una forma de idolatría.
La lección aprendida es relevante para todo noájida. La idolatría hoy en día no se manifiesta necesariamente en inclinarse ante estatuas de madera y piedra, sino en la tendencia humana a otorgar poder absoluto y exclusivo a factores temporales y efímeros. Cuando una persona se libera de la esclavitud y de la necesidad de presentar una falsa imagen de perfección personal (como intentó el Faraón), merece la verdadera libertad y una vida de verdad absoluta. Por lo tanto, reconocer la Unidad Infinita de Dios es el cumplimiento máximo de la primera ley contra la idolatría.
Por el rabino Moshe Bernstein
Fuente: Éxodo 7:14-15. Rashi sobre Éxodo 7:15. Midrash Tanjuma, Va'era 7. Ezequiel 29:3.
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