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Integrar la Torá en la propia vida a través de la reflexión y la conversación puede ser una experiencia increíblemente divertida y atractiva. Es un viaje de descubrimiento, en el que la sabiduría ancestral y las enseñanzas intemporales cobran vida en nuestras experiencias cotidianas. A través de la reflexión, tenemos la oportunidad de sumergirnos en el rico tapiz de la Torá, extrayendo profundas ideas y lecciones que resuenan en nuestras vidas modernas. La alegría reside en los momentos "ajá", aquellos en los que un versículo o una historia de la Torá conectan de repente con nuestros retos, aspiraciones y valores personales. Y cuando participamos en conversaciones sobre la Torá con otras personas, se convierte en una exploración interactiva, en la que diversas perspectivas e interpretaciones mejoran nuestra comprensión. Estos diálogos a menudo despiertan el entusiasmo y la curiosidad intelectual, haciendo que el proceso de aprendizaje sea agradable y satisfactorio. La Torá se convierte en una parte vibrante y dinámica de nuestras vidas, que nos ofrece no sólo orientación, sino también una fuente inagotable de fascinación, conexión y crecimiento.
NOTA: No te sientas obligado a consultar todas las fuentes ni a responder a todas las preguntas, a menos que quieras hacerlo. Incluso una sola fuente o una sola pregunta te dará mucho material para debatir y meditar. Disfrútalo.
Algunas reflexiones sobre la parashá Terumá
El profeta Malaquías transmite un mensaje conmovedor:
“Pero maldito el engañador, que tiene macho en su rebaño, e hace votos y sacrifica al Señor cosa inmunda; porque yo soy un gran Rey, dice el Señor de los ejércitos, y mi nombre es temido entre las naciones.” (Malaquías 1:14)
El versículo describe a alguien que posee algo completo y valioso, pero que elige ofrecer lo dañado. El asunto es sutil. La persona da, pero con cuidado y selectividad, conservando lo mejor y presentando algo inferior ante Dios.
Malaquías enmarca esto como una falta de reverencia. “Soy un gran Rey”, declara Dios. El reconocimiento de la grandeza moldea la calidad de lo que ofrecemos. Cuando se percibe con claridad lo Divino, las ofrendas a medias se sienten fuera de lugar.
La parashá Terumá describe una atmósfera muy diferente. El Mishkán se construyó gracias a contribuciones voluntarias, “de toda persona cuyo corazón lo inspira”. Los materiales eran preciosos. La artesanía exigía atención. Todo el proyecto expresaba intención y dignidad. Un santuario no se construye a la ligera; refleja la seriedad de quienes lo construyen.
Aunque el mandato de construir el Mishkán pertenece específicamente a Israel, el principio subyacente tiene un alcance más amplio. Una vida orientada hacia Dios exige que la parte de la fuerza, la claridad y la disciplina se dirijan conscientemente hacia arriba.
Para los noájidas, esto no tiene nada que ver con obligaciones sacrificiales. Tiene que ver con la sinceridad.
La vida espiritual a menudo queda relegada a un segundo plano. Pensamos en la carrera, la familia, la reputación y la comodidad con estructura y ambición. La conciencia de Dios a veces recibe la atención restante. Las palabras de Malaquías desafían esa silenciosa jerarquía.
Dar lo mejor de uno a Dios puede manifestarse en un estudio concentrado de la Torá, adecuado a la función de cada uno. Puede manifestarse en la constancia ética en los negocios, en la moderación al hablar o en el esfuerzo por cultivar la paciencia. Puede surgir en la oración ofrecida con presencia en lugar de distracción. Puede observarse en la formación deliberada de un hogar donde la justicia y la bondad se practican conscientemente.
La excelencia se convierte en una expresión de reverencia cuando se dirige a honrar la Fuente de la vida.
El versículo concluye con una frase notable: “Mi Nombre es temido entre las naciones”. La expectativa de reverencia no se limita a un solo pueblo. La conciencia de la grandeza divina se extiende a toda la humanidad. Cada nación sirve a Dios mediante sus propias responsabilidades de pacto, pero la integridad en lo que ofrecemos sigue siendo universal.
Antiguamente, un santuario se construía con oro y madera de acacia. Hoy, se construye con atención, disciplina, humildad y valentía moral.
La pregunta persiste en el aire: ¿qué elegimos llevar ante un gran Rey?
Ahora, reflexiona sobre las siguientes preguntas:
- ¿En qué aspectos de tu vida recibes Dios tu atención más deliberada?
- ¿Cómo influye la conciencia de la grandeza Divina en la calidad de tus acciones diarias?
- ¿En qué área la mayor excelencia podría convertirse en un acto de devoción?
- ¿Cómo sería enfocar sus decisiones éticas como ofertas?
- ¿Cómo la frase “Mi Nombre es temido entre las naciones” moldea tu sentido de responsabilidad?
¡Shabbat Shalom!
Por el rabino Tani Burton
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