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Integrar la Torá en la propia vida a través de la reflexión y la conversación puede ser una experiencia increíblemente divertida y atractiva. Es un viaje de descubrimiento, en el que la sabiduría ancestral y las enseñanzas intemporales cobran vida en nuestras experiencias cotidianas. A través de la reflexión, tenemos la oportunidad de sumergirnos en el rico tapiz de la Torá, extrayendo profundas ideas y lecciones que resuenan en nuestras vidas modernas. La alegría reside en los momentos "ajá", aquellos en los que un versículo o una historia de la Torá conectan de repente con nuestros retos, aspiraciones y valores personales. Y cuando participamos en conversaciones sobre la Torá con otras personas, se convierte en una exploración interactiva, en la que diversas perspectivas e interpretaciones mejoran nuestra comprensión. Estos diálogos a menudo despiertan el entusiasmo y la curiosidad intelectual, haciendo que el proceso de aprendizaje sea agradable y satisfactorio. La Torá se convierte en una parte vibrante y dinámica de nuestras vidas, que nos ofrece no sólo orientación, sino también una fuente inagotable de fascinación, conexión y crecimiento.
NOTA: No te sientas obligado a consultar todas las fuentes ni a responder a todas las preguntas, a menos que quieras hacerlo. Incluso una sola fuente o una sola pregunta te dará mucho material para debatir y meditar. Disfrútalo.
Algunas reflexiones sobre las vacaciones
Sucot y el refugio universal
En la Torá, Sucot aparece como una festividad repleta de mitzvot exclusivas del pueblo judío: la sucá, el lulav y las ofrendas especiales. Cada una conmemora la travesía de Israel por el desierto, donde habitaron en refugios temporales y estuvieron rodeados por las Nubes de Gloria. Sin embargo, dentro de estos mismos mandamientos yace un mensaje que se extiende mucho más allá del pueblo judío: una visión de fe que abarca a toda la humanidad.
Durante Sucot, se ofrecían setenta toros a lo largo de los siete días de la festividad. Los sabios enseñan que estas setenta ofrendas corresponden a las setenta naciones del mundo. Cada día, el número de toros disminuye: trece el primer día, luego doce, luego once, lo que simboliza la decadencia del reino material con el tiempo. En contraste, las luces de Janucá, que aumentan cada noche, representan el crecimiento de lo espiritual. Juntas revelan un patrón: a medida que lo físico decae, lo espiritual debe ascender.
Este mismo tema aparece en las lecturas proféticas de Sucot.
Zacarías imagina un tiempo en el que “todas las naciones subirán año tras año para postrarse ante el Rey, el Señor de los Ejércitos, y para celebrar la Fiesta de los Tabernáculos.” (Zacarías 14:16–17)
El rey Salomón ora para que cuando “Un extranjero que no es de tu pueblo Israel viene de una tierra lejana y ora hacia esta Casa,” Dios escuchará su oración y le concederá bendición (1 Reyes 8:41–43).
Y la visión de Ezequiel de la guerra de Gog y Magog —el conflicto definitivo entre la arrogancia y la fe— se lee durante el mismo Sucot.
El nombre “Gog” comparte su raíz con la palabra hebrea mordaza, que significa "techo". Un techo protege, pero también separa. Aísla a la persona del cielo. La sucá, en cambio, se define por su techo abierto: el schach —Hecha de material natural que permite la entrada de la luz del sol y de las estrellas. Es una casa que deja entrar el cielo. Donde mordaza representa la autosuficiencia humana, sucá Representa la confianza. Nos enseña a encontrar fuerza no en lo que podemos construir permanentemente, sino en nuestra disposición a vivir en la presencia de Dios.
Para los noájidas, este es el núcleo del mensaje universal de Sucot. La festividad llama a cada ser humano a liberarse de la ilusión del control total y a experimentar la vulnerabilidad como puerta de entrada a la fe. Los muros de la sucá son fuertes y simbolizan la resiliencia humana; su techo es frágil y simboliza la humildad que nos mantiene conectados con la Fuente de la vida.
Sucot nos recuerda que la protección divina no reside en muros de piedra ni puertas de hierro, sino en la relación viva entre el corazón humano y su Creador. La sucá puede ser temporal, pero lo que representa es eterno: la valentía de confiar, la gratitud de alegrarse y la conciencia de que cada aliento de vida se da bajo la sombra protectora de Dios.
Que todos los pueblos puedan morar en esa sombra —la sombra de la fe y de la paz— y que el mundo se llene del conocimiento de Dios como las aguas cubren el mar.
Ahora, reflexiona sobre las siguientes preguntas:
- ¿Qué nos enseña el frágil techo de la sucá acerca de la diferencia entre el control humano y la confianza en Dios?
- ¿Cómo la idea de setenta ofrendas para las setenta naciones expresa la visión de la Torá para toda la humanidad?
- En tu propia vida, ¿cuáles son los “techos” —las ilusiones de seguridad— que te impiden sentir la presencia Divina?
- ¿Por qué Dios podría pedirnos que nos regocijemos específicamente mientras vivimos en algo temporal?
- ¿Cómo puede el vivir con mayor humildad y apertura —como vivir en una sucá— cambiar la manera en que nos relacionamos con los demás y con el mundo?
¡Shabbat Shalom!
Por el rabino Tani Burton
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