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Discurso jasídico
La unidad de los nombres divinos: una perspectiva jasídica del Rebe Rashab
Este blog se basa en un discurso jasídico pronunciado por el Rebe Rashab, quinto Rebe de Jabad, el Rabino Shalom DovBer Schneerson, de bendita memoria, en 1897. En este discurso, el Rebe profundiza en el significado del versículo “Dios es el Señor” y explora el tema central de que los dos Nombres Divinos —el Tetragrámaton (י-ה-ו-ה) y el nombre Elokim (אלקים)— son, en esencia, uno y el mismo. Si bien parecen representar diferentes aspectos de Dios, no están separados; más bien, revelan la misma Esencia Divina de diferentes maneras.
Es importante tener en cuenta que este blog nunca podrá cubrir completamente la profundidad de lo que se discutió en la serie de conferencias de 11 partes sobre este tema, y se recomienda a los lectores escuchar la serie completa en YouTube para una comprensión más completa. https://www.youtube.com/@rabbituvia
Los dos nombres de Dios: una dualidad percibida
En el misticismo judío y el jasidismo, se habla frecuentemente de dos nombres divinos centrales: el nombre de Dios de cuatro letras (י-ה-ו-ה), asociado con su aspecto trascendente (es decir, el aspecto que está más allá del mundo, sin manifestarse directamente en la naturaleza), y el nombre Elokiem (אלקים), asociado con su presencia inmanente (el aspecto que participa en el gobierno del mundo y las leyes de la naturaleza). A primera vista, estos nombres parecen representar diferentes facetas de Dios: una es elevada y trascendente, mientras que la otra está más conectada con la realidad cotidiana del mundo.
Sin embargo, el tema central del discurso del Rebe Rashab es que estos dos nombres, en realidad, no están separados. Son, en cambio, dos expresiones de la misma Esencia Divina, reveladas de maneras diferentes. Esto es parte esencial de la visión jasídica de la Unidad Divina que subyace a la aparente dualidad del mundo.
La construcción de la Torre – El símbolo de la separación
Además de la estructura literal de la torre, hay una dimensión mística más profunda en la historia de la Torre de Babel.
El acto de construir una torre que alcanza los cielos representa su deseo de separar el nombre superior y trascendente de Dios de su presencia inmanente en el mundo. El pueblo de Babel intentó establecer una existencia independiente, libre del Gobierno Divino unificado que conecta los cielos y la tierra. Esto es precisamente lo que hace que la historia de Babel sea tan significativa en términos místicos: resalta el deseo humano de dividir lo que Dios ha creado para ser unificado.
En la interpretación mística, la Torre de Babel se considera una forma de idolatría. El intento del pueblo de construir una torre y luchar contra Dios (véase Rashi) representa su deseo de separar los nombres de Dios. Esto expresa la creencia de que el mundo físico existe separado de la presencia unificada y omnipresente de Dios. Buscaban definir su propia existencia, separada de la voluntad divina, pero al hacerlo, distorsionaron la verdadera naturaleza de la unidad de Dios.
Corrección a través del Éxodo de Egipto
El Éxodo de Egipto se considera una corrección espiritual del pecado de Babel. En el misticismo, se dice que los hijos de Israel fueron reencarnaciones del pueblo de Babel. Sus pecados tuvieron que ser corregidos mediante la esclavitud y los milagros ocurridos durante el Éxodo. Los hijos de Israel, que experimentaron las diez plagas y la división del Mar Rojo, fueron quienes repararon espiritualmente la brecha causada por Babel mediante la revelación del poder de Dios, que puso de manifiesto la unidad de los aspectos trascendentes e inmanentes de Dios.
En Egipto, esta corrección no se logró mediante la misma construcción rebelde que en Babel, pero existe una conexión significativa entre ambas. Tanto en Babel como en Egipto, los ladrillos y el cemento desempeñaron un papel central, aunque con resultados espirituales opuestos. En Babel, el pueblo usó ladrillos para construir una torre destinada a separarse de la Unidad Divina. En Egipto, los hijos de Israel fueron obligados a fabricar ladrillos en una dura esclavitud, pero este sufrimiento se convirtió en un crisol de refinamiento. A través de los milagros que presenciaron —las diez plagas, la división del mar—, Dios reveló que su presencia permea todos los niveles de la existencia. Estos eventos dejaron claro que no hay división entre los nombres trascendentes e inmanentes de Dios. Lo que se intentó en la rebelión de Babel fue, en Egipto, transformado mediante la redención.
La Tierra de Israel: Donde la Presencia Divina es Una
El Rebe Rashab explica además que la Tierra de Israel es un lugar especial donde la unidad de los dos Nombres Divinos se experimenta con mayor claridad. Fuera de Israel, la presencia divina se revela a menudo a través de las capas más burdas de la realidad física, que ocultan la verdad divina. En Israel, sin embargo, la presencia divina está menos oculta, porque es una tierra donde la revelación divina está menos cubierta por las capas del mundo físico.
En Israel, la presencia divina se manifiesta a través de una vestimenta menos áspera, lo que facilita la experiencia de la unidad de los dos nombres divinos. Es un lugar donde la presencia divina en la naturaleza y en la vida del pueblo es más evidente. Entrar en Israel, por lo tanto, no era solo un viaje físico, sino un paso espiritual hacia la corrección de la unidad de los nombres divinos.
La Unidad Divina: Los Dos Nombres como Uno
El mensaje más profundo del discurso es que los dos Nombres Divinos, el Tetragrámaton (י-ה-ו-ה) y el Nombre Elokiem (אלקים), representan en esencia la misma Esencia Divina. La separación percibida entre el nombre que representa el aspecto trascendente de Dios y el nombre que representa el aspecto inmanente es solo aparente. Los milagros de Egipto y el refinamiento de la presencia divina en la Tierra de Israel nos ayudan a comprender que, si bien estos nombres se manifiestan de diferentes maneras, son en realidad uno.
La importancia de la Torá y las Mitzvot para restaurar la unidad
Otro punto crucial mencionado por el Rebe es que la Torá y las mitzvot (mandamientos) son las herramientas mediante las cuales el pueblo judío puede reconectar los nombres trascendentes e inmanentes de Dios. Al cumplir los mandamientos, uno alinea sus acciones con la voluntad de Dios, uniendo estos dos aspectos de su nombre. Este tema, central para el pensamiento jasídico, enfatiza cómo la acción humana puede traer lo Divino al mundo de manera unificada, superando la separación que Babel intentó imponer.
El ejemplo del maestro: unidad a través de la acción
Un ejemplo jasídico común para explicar la conexión entre los nombres trascendentes e inmanentes de Dios es el de un maestro y su alumno. Imaginemos a un maestro que enseña conceptos profundos y abstractos a un alumno. Su sabiduría es elevada, trascendente y escapa a la comprensión inmediata del alumno. Sin embargo, a través de la enseñanza, esta sabiduría se vuelve inmanente: penetra en la mente del alumno y forma parte de su comprensión del mundo.
Esto ilustra la unidad de los dos aspectos de los nombres de Dios. Así como la sabiduría abstracta del maestro se manifiesta en la comprensión del alumno, también se unen los aspectos trascendentes e inmanentes de la presencia de Dios. La sabiduría del maestro no pierde su naturaleza elevada al enseñar; más bien, se vuelve más accesible sin perder su esencia. De igual manera, la naturaleza trascendente de Dios puede manifestarse en el mundo, revelando la unidad de todas las cosas sin disminuir su esencia divina.
La visión de la redención
El discurso del Rebe Rashab también aborda la redención final, donde la unidad de los nombres de Dios se revelará plenamente. Este es un elemento importante en las enseñanzas originales, ya que subraya la futura restauración de la unidad divina. La redención completa traerá consigo un estado en el que el mundo reconocerá que no existe una verdadera separación entre los aspectos trascendentes e inmanentes de Dios.
Interpretación jasídica del Éxodo
El papel del Éxodo en la interpretación jasídica también es esencial. El Rebe explica que, si bien el Éxodo liberó físicamente al pueblo judío de la esclavitud, también representa una liberación espiritual más profunda. Los milagros de Egipto fueron una revelación del poder divino que no solo liberó el cuerpo, sino también el alma. Esta libertad permitió al pueblo judío comenzar el proceso de corrección del error espiritual de Babel.
Conclusión
Las enseñanzas jasídicas del Rebe Rashab revelan la profunda verdad de que los diferentes nombres divinos que se encuentran en la Torá son, en realidad, expresiones de la misma Esencia Divina. El pecado de Babel, el Éxodo de Egipto y la entrada a Israel son eventos simbólicos que nos ayudan a comprender y restaurar la unidad de los nombres divinos.
Al aplicar estas ideas en nuestra vida, podemos acercarnos a la verdad de que los aspectos trascendentes e inmanentes de Dios son, en realidad, uno. Servir a Dios, tanto espiritual como físicamente, nos acerca a experimentar esta unidad y nos ayuda a alcanzar un nivel superior de revelación divina en nuestra vida.
El blog es un resumen de la clase del rabino Tuvia Serber
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