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Resumen de la lección

Este artículo resume algunas de las ideas principales tratadas durante la lección. La clase en sí ofrece mucha más profundidad, explicaciones y matices, por lo que se recomienda encarecidamente ver o estudiar la lección completa.

La lección se basa en un discurso jasídico del Rebe de 1976, en el que explora la diferencia entre dos relatos de la Torá que involucran espías: los enviados por Moisés en la Parashá Shlaj y los enviados por Josué al comienzo del Libro de Josué. Mediante el análisis de estas diferencias, el discurso extrae importantes lecciones espirituales sobre el crecimiento personal, el alma y el servicio del hombre a Dios.

¿Qué espera Dios de nosotros?

Una de las preguntas centrales que se abordaron en esta lección fue muy sencilla, pero a la vez extremadamente profunda:

¿Qué espera realmente Dios de los seres humanos?

Según el pensamiento judío, la vida no es aleatoria y los seres humanos no fueron creados simplemente para existir, consumir o sobrevivir. Cada persona tiene un propósito y una misión en este mundo. En el judaísmo, esta misión se describe a menudo como Avodat Hashem — servir a Dios a través de la forma en que vivimos nuestras vidas e interactuamos con el mundo que nos rodea.

Esta labor espiritual se puede resumir en dos ideas principales:

Se espera que cada persona crezca, perfeccione su carácter y mejore. Al mismo tiempo, estamos llamados a contribuir positivamente a la creación y ayudar a que el mundo refleje santidad y divinidad.

La Torá como enseñanza eterna

Una idea importante que se destaca durante la lección es que la Torá es eterna. Sus historias no son solo acontecimientos históricos de hace miles de años; también contienen lecciones espirituales que se aplican a todas las personas en todas las generaciones.

Para explicar esto, la lección se centró en dos historias diferentes:

Aunque ambas historias involucran espías, las enseñanzas jasídicas explican que en realidad representan dos formas completamente diferentes de trabajo espiritual.

La diferencia entre Moisés y Josué

Moisés envió espías a explorar toda la Tierra de Israel. Curiosamente, esto no fue una orden directa de Dios. La iniciativa surgió del propio Moisés después de que el pueblo se lo pidiera.

La historia de Yehoshua es muy diferente. Dios le ordenó específicamente que enviara espías, y estos fueron enviados solo a Yericho (Jericó), no a toda la tierra.

Según la lección, esta diferencia es profundamente simbólica.

Los espías de Moisés representan un nivel muy elevado y difícil de trabajo espiritual: refinar el mundo emocional interior de una persona. Los espías de Josué representan un tipo de trabajo espiritual más práctico, que se espera que toda persona realice.

El alma y sus diferentes niveles

La lección explicaba que el alma contiene diferentes niveles.

En primer lugar, está la esencia del alma: la chispa divina que reside en cada ser humano.

Luego están los poderes internos del alma:

Finalmente, están lo que el misticismo judío llama las “vestiduras” del alma:

Se les llama vestimentas porque son las formas en que el alma se expresa exteriormente al mundo.

Trabajar con las emociones

La Tierra de Israel, con sus siete naciones, simboliza las fuerzas emocionales del alma.

Esto significa que los espías de Moisés representan el difícil trabajo de transformar las emociones internas:

La lección explicaba que se trata de un trabajo espiritual sumamente profundo. Las emociones no son fáciles de cambiar porque las sentimos como parte de nuestra identidad. Aprender a amar a Dios más que a los deseos materiales no es algo sencillo ni automático.

Por eso, la misión de Moisés estaba asociada a un nivel espiritual muy elevado.

Yericho y las vestiduras del alma

Los espías de Yehoshua, sin embargo, se centraron únicamente en Yericho.

Yericho simboliza las vestiduras del alma:

A diferencia de las emociones, estas son cosas que una persona puede controlar de forma más directa.

Aunque no siempre se puede controlar qué pensamientos surgen repentinamente, sí se puede controlar en cuáles se centra la atención. Una persona puede elegir sus palabras y sus acciones, incluso cuando las emociones son difíciles o confusas.

La lección hizo hincapié en que este nivel práctico de trabajo espiritual es lo que Dios espera de cada persona.

Pensamiento, habla y acción

Uno de los aspectos más importantes de la lección fue la importancia de las decisiones que tomamos a diario.

Pensamiento

El pensamiento es constante. La mente nunca deja de pensar por completo. Sin embargo, el trabajo espiritual implica aprender a no obsesionarse con pensamientos dañinos, negativos o prohibidos.

El reto no consiste necesariamente en evitar que aparezcan los pensamientos, sino en elegir no seguir alimentándolos.

Discurso

El lenguaje tiene un poder inmenso. Las palabras pueden construir, alentar, sanar e inspirar, pero también pueden dañar y destruir.

Parte del crecimiento espiritual consiste en aprender a hablar con más cuidado y responsabilidad.

Acción

Las acciones son la expresión más práctica de quiénes somos. El judaísmo otorga una enorme importancia a lo que una persona hace en su vida diaria.

Incluso las pequeñas acciones importan espiritualmente.

¿Qué es más importante?

Una de las ideas más sorprendentes que se trataron en la lección es que el pensamiento, el habla y la acción pueden ser, en realidad, espiritualmente superiores a las emociones.

A primera vista, las emociones parecen más profundas y espirituales. Sin embargo, la lección explicaba que las emociones aún contienen un fuerte sentido del yo: "Siento", "Amo", "Temo".“

Pero cuando una persona actúa según la voluntad de Dios, incluso cuando personalmente siente algo diferente, trasciende su propio ego y se conecta con algo superior.

Por eso la disciplina espiritual práctica es tan importante en el judaísmo.

El mensaje práctico de la lección

El mensaje final de la lección fue a la vez práctico y alentador.

El crecimiento espiritual no comienza con alcanzar la perfección de la noche a la mañana ni con transformar por completo todas las emociones. Comienza con las pequeñas decisiones que tomamos a diario:

Al refinar estas "vestiduras" del alma, una persona cambia lentamente no solo su comportamiento, sino también, con el tiempo, su mundo interior.

El verdadero crecimiento espiritual comienza con la acción constante, y a través de esas acciones una persona se transforma gradualmente a sí misma y al mundo que la rodea.



Texto original: https://tuviaserber.com/and-yehoshua-sent-spies-5736/


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