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Discurso jasídico
Introducción
Este blog trata sobre el discurso jasídico del Cuarto Rebe de Jabad, el Rabino Shmuel de Lubavitch, de 1864. En este discurso, el Rebe explora la idea de la unidad de Dios a pesar de la existencia del mundo. Pregunta: ¿por qué decimos que Dios es "Uno" (Ejad) en lugar de decir que es "Único" (Yachid)? Este blog es un breve resumen de una serie de seis lecciones del Rabino Serber que explica este importante tema.
Todo viene de Uno y es Uno: ¿Qué significa eso?
Cuando miras a tu alrededor, ves muchas cosas: la luz del sol a través de la ventana, un león en el zoológico, árboles, gente... Todo parece real y sólido. Pero en el misticismo judío hay una manera especial de ver todo esto. Todo lo que ves no surgió por casualidad. Todo proviene de algo muy elevado e invisible: Dios y los mundos espirituales que nos dominan.
Tomemos la luz, por ejemplo. La luz parece normal: enciendes una lámpara y la luz llena la habitación. Pero en estas enseñanzas, la luz se ve como una especie de fuerza divina que viene de muy arriba. Esta luz es tan fuerte que en realidad es demasiado brillante para recibirla directamente. Por lo tanto, está "cubierta" o "envuelta" en una especie de velo, para que podamos recibirla sin sentirnos abrumados. Es como el sol: si lo miras directamente, te duele la vista. Pero con gafas de sol, la luz es más suave y puedes mirarla cómodamente. Incluso un león no es solo un animal. En los mundos espirituales más elevados, hay un león sagrado que simboliza cualidades como el amor y la sabiduría de Dios. El león que vemos aquí en la tierra es como un reflejo de esas fuerzas superiores. El nombre hebreo para león, "arieh", tiene letras que se relacionan con la palabra "ver", porque el león está conectado con la intuición y la visión divina.
Se necesita un largo proceso para que esa fuerza divina se transforme en algo físico, como un león real o la luz del sol que podemos sentir. Esto sucede paso a paso, como capas que reducen la intensidad de la luz hasta que se adapta a nuestro mundo. El momento en que esta fuerza pura e invisible se transforma en algo real se llama "algo de la nada". Significa que Dios crea algo completamente nuevo, inexistente antes, sin ningún material del que partir.
¿Por qué la Torá dice “Hashem Ejad” y no “Yachid”?
En la Torá dice: “Hashem Ejad” —“El Señor es Uno”. Podrías pensar que la palabra “Yachid” (que significa único o único) encajaría mejor, porque suena como si Dios estuviera completamente separado de todo. Pero la Torá elige la palabra “Ejad” por una razón especial.
“Yachid” significa que Dios está completamente solo y es imposible que lo comprendamos o nos conectemos con Él. Eso dificultaría cualquier relación con Él.
“Echad” nos muestra que Dios no sólo está por encima de todo, sino también dentro de todo. El mundo entero —el aire, los animales, las personas— está lleno del poder de Dios. Todo existe solo porque Dios le da energía a cada instante.
Dos formas de creación: “Algo de algo” y “Algo de la nada”
Hay dos formas en que algo puede surgir:
- Yesh meYesh (algo de algo): Es como una idea que se convierte en un sentimiento, o una pequeña llama que se hace más grande. Es un proceso natural y gradual que podemos comprender.
- Yesh meAyin (algo de la nada): Este concepto describe un salto repentino, donde aparece algo que antes no existía. El mundo físico fue creado así: por pura voluntad de Dios, sin ninguna sustancia previa. Es un tipo de creación que no podemos comprender verdaderamente, porque implica traer algo a la existencia de la nada absoluta, que no tiene contraparte física. Una analogía útil, aunque todavía limitada, es el crecimiento de un árbol a partir de una semilla. La semilla, que parece pequeña e insignificante, da origen a un árbol entero con innumerables frutos. No hay una comparación real entre la semilla y los frutos, y sin embargo, estos últimos provienen de la primera. Curiosamente, esta transformación solo ocurre a través de la propia anulación de la semilla: al descomponerse o "convertirse en nada" en la tierra, permite que surja nueva vida. Esto sugiere la idea de Sí, me ayin:algo que surge de un proceso que parece nada.
Todo lo que existe es de Dios
Esto significa que ni siquiera las piedras, los árboles y los animales son verdaderamente independientes. Podrían parecer separados, pero son como una lámpara que solo brilla porque la electricidad fluye a través de ella. Dios es como la electricidad: sin Él, la luz se apaga y nada existe.
Aunque todo depende de Dios, a menudo nos sentimos separados o creemos que lo controlamos todo. Esto se debe a que Dios se esconde. Es como cuando enciendes una lámpara pero no ves la electricidad fluyendo por los cables; no siempre vemos cómo Dios mantiene el mundo en marcha.
Este ocultamiento es importante porque nos da espacio para el libre albedrío y la responsabilidad. Podemos elegir nuestro propio camino, aunque todo esté conectado con Dios.
¿Por qué es esto importante para los Noájidas?
Los noájidas, que siguen las siete leyes noájidas y creen en un solo Dios, consideran muy importante esta comprensión. Creer en un solo Dios no solo significa que existe un solo Dios, sino también que todo fue creado por Él y se mantiene vivo gracias a Él.
Saber que todo proviene de Dios ayuda a los noájidas a ver el mundo y a sí mismos como significativos y especiales. Inspira respeto por toda la creación y fomenta la responsabilidad, pues todo tiene valor a los ojos de Dios.
También ayuda a construir una conexión con Dios, aunque Él sea invisible. Nos recuerda que nadie está realmente solo y que todos somos parte de algo mucho más grande.
Ángeles, personas y asociación con Dios
La distinción entre ángeles y personas es especialmente relevante aquí. Los ángeles son magníficos seres espirituales, pero carecen de libre albedrío; existen para ejecutar la voluntad de Dios sin desviación. Por ello, no se les puede llamar verdaderamente "socios" de Dios. Un socio implica alguien con voz y voto en la relación, alguien cuyas decisiones determinan el resultado. Los ángeles no tienen esa influencia; solo siguen instrucciones.
Los humanos, por otro lado, hacer Tienen libre albedrío. El Talmud incluso dice que padre y madre son "socios de Dios" en la creación de un hijo. Claro que esto no significa que sean iguales a Dios, sino que sus decisiones conscientes participan en el proceso creativo de Dios. La verdadera colaboración implica cooperación, la capacidad de elegir y, a veces, incluso hacer las cosas de forma diferente a la otra persona. En este sentido, solo los seres humanos, a través de nuestras decisiones, podemos ser socios de Dios.
¿Qué significa todo esto para usted?
Comprender esto nos muestra que Dios está verdaderamente en todas partes —en todo y en todos— y nada está separado de Él. El mundo entero es como una gran “vestimenta” donde Dios se revela, a veces con claridad y a veces de forma oculta.
Saber esto nos enseña que no estamos solos y que todo lo que sucede forma parte de un plan mayor. Nos invita a buscar a Dios, sentirlo y hablar con Él, porque no está lejos, sino muy cerca, en lo profundo de todo lo que existe.
El blog es un resumen de las clases del rabino Tuvia Serber
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