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En la porción de la Torá de Ki Teitzei, el tema de lashon hara —el mal hablar— cobra especial relevancia, particularmente en relación con Miriam, la profetisa y hermana de Moisés. Si bien era respetada como profetisa y líder, Dios la castigó con lepra por hablar mal de Moisés. Esto nos enseña que incluso una persona tan importante como Miriam, quien desempeñó un papel crucial en la redención de los israelitas, no está por encima de las leyes del buen hablar. Su castigo fue un poderoso recordatorio de la gravedad de lashon hara, advirtiéndonos que las palabras tienen un poder inmenso, tanto para dañar como para sanar.
La Torá subraya que la prohibición de hablar mal de los demás, que también se aplica a los noájidas, puede tener consecuencias de gran alcance. Así como una sola palabra dañina puede extenderse por una comunidad, perjudicando la reputación, las relaciones y la confianza, una buena acción puede tener un efecto dominó positivo igualmente poderoso. Esto se suele comparar con el efecto dominó, donde una sola buena acción puede generar enormes beneficios, inspirando otros actos de bondad. De igual modo, hablar mal de los demás puede descontrolarse, pero lo contrario también es cierto: las palabras y acciones positivas pueden generar un cambio duradero y beneficioso.
Esta idea guarda una profunda conexión con la figura de la serpiente primordial en la tradición judía. La serpiente del Jardín del Edén encarna la inclinación al mal, utilizando el lenguaje para manipular y engañar. La palabra Nahash, que significa “serpiente”, en gematría (el valor numérico de las letras hebreas) equivale a la palabra Moshiach. Esta conexión sugiere que, así como la serpiente introdujo el mal en el mundo, el Moshiach lo erradicará y restaurará toda la creación.
Mientras que la serpiente representa el engaño y la división, el Mesías traerá sanación, unidad y el retorno a la verdad divina. El hecho de que estas dos palabras compartan el mismo valor numérico sugiere que la raíz misma del mal, simbolizada por la serpiente, se transformará en esencia durante la era mesiánica.
Al abstenernos de hablar mal de los demás, participamos en el proceso de rectificar el mundo, preparándonos para el momento en que erradiquemos el mal de una vez por todas. Así como el discurso negativo tiene el poder de causar destrucción, las acciones y palabras positivas pueden ayudar a acercar al mundo a ese momento de redención.
Por el rabino Moshe Bernstein
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