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Integrar la Torá en la propia vida a través de la reflexión y la conversación puede ser una experiencia increíblemente divertida y atractiva. Es un viaje de descubrimiento, en el que la sabiduría ancestral y las enseñanzas intemporales cobran vida en nuestras experiencias cotidianas. A través de la reflexión, tenemos la oportunidad de sumergirnos en el rico tapiz de la Torá, extrayendo profundas ideas y lecciones que resuenan en nuestras vidas modernas. La alegría reside en los momentos "ajá", aquellos en los que un versículo o una historia de la Torá conectan de repente con nuestros retos, aspiraciones y valores personales. Y cuando participamos en conversaciones sobre la Torá con otras personas, se convierte en una exploración interactiva, en la que diversas perspectivas e interpretaciones mejoran nuestra comprensión. Estos diálogos a menudo despiertan el entusiasmo y la curiosidad intelectual, haciendo que el proceso de aprendizaje sea agradable y satisfactorio. La Torá se convierte en una parte vibrante y dinámica de nuestras vidas, que nos ofrece no sólo orientación, sino también una fuente inagotable de fascinación, conexión y crecimiento.
NOTA: No te sientas obligado a consultar todas las fuentes ni a responder a todas las preguntas, a menos que quieras hacerlo. Incluso una sola fuente o una sola pregunta te dará mucho material para debatir y meditar. Disfrútalo.
Algunas reflexiones sobre la Parashá Beha'alotecha
“Había hombres que estaban impuros por haber estado en contacto con un cadáver y que no podían ofrecer el sacrificio de la Pascua aquel día. Se acercaron a Moisés y a Aarón aquel día, y aquellos hombres le dijeron: ‘Estamos impuros por haber estado en contacto con un cadáver. ¿Por qué habríamos de ser menospreciados al no presentar la ofrenda al Señor en su tiempo señalado entre los hijos de Israel?’” (Números 9:6-7)
Uno de los momentos más notables de la Torá comienza con una pregunta. Un grupo de hombres se vio imposibilitado de participar en la ofrenda de la Pascua porque se habían vuelto ritualmente impuros. Según la ley vigente, estaban exentos. Tenían una razón válida. No habían cometido ninguna falta. Sin embargo, en lugar de aceptar su exclusión, se acercaron a Moisés con una súplica sincera: "¿Por qué hemos de ser excluidos?".“
Lo extraordinario de este episodio es que estos hombres no buscaban una laguna legal, una exención ni una reducción de sus obligaciones. Buscaban participar. Querían acercarse a Dios. Su dolor no radicaba en que se les exigiera demasiado, sino en no poder participar en algo sagrado. En respuesta a su petición, Dios reveló la institución de la Segunda Pascua, brindando otra oportunidad a quienes no habían podido participar en el momento señalado.
Este episodio revela un importante principio espiritual. La verdadera devoción no se mide por lo poco que uno puede hacer sin ser descubierto, sino por el deseo de abrazar lo que es significativo. Gran parte de la naturaleza humana busca razones para eximirse de responsabilidad. Estos hombres hicieron lo contrario. Vieron un obstáculo y se preguntaron si había una manera de seguir adelante.
Para muchos noájidas, este pasaje resuena profundamente. A lo largo de la historia, las naciones del mundo a menudo estuvieron alejadas del conocimiento del Dios de Israel y de Su Torá. Hoy, muchos noájidas sinceros descubren las Siete Leyes Noájidas y emprenden un camino de aprendizaje, crecimiento y servicio a Dios. En ese proceso, no es raro experimentar un sentimiento similar al expresado en nuestra parashá: un anhelo de acercarse, de participar más plenamente, de conectar más con lo Divino.
Sin embargo, la respuesta de la Torá es a la vez alentadora e instructiva. Dios no les dijo a estos hombres que se convirtieran en algo que no eran. No abolió las distinciones ni eliminó las fronteras. En cambio, creó un camino apropiado a sus circunstancias. La lección es que el crecimiento espiritual no se logra rechazando el rol que Dios nos ha dado, sino cumpliéndolo plenamente.
El rabino Samson Raphael Hirsch señala que la grandeza de estos hombres radicaba en que transformaron un obstáculo en una petición de mayor servicio. En lugar de aceptar la distancia, buscaron la conexión. Su pregunta se convirtió en el catalizador de una nueva revelación en la propia Torá. A veces, los avances espirituales más poderosos no comienzan con la certeza, sino con una pregunta sincera que brota del corazón.
Esto cobra especial relevancia en una era de consumismo espiritual, donde la gente suele cambiar de camino en busca de novedad o estatus. Los hombres de la Segunda Pascua no buscaban prestigio, sino una relación con Dios. Su preocupación no era: "¿Cómo puedo ser más importante?", sino "¿Cómo puedo estar más cerca de Dios?".“
El desafío para los noájidas es similar. El objetivo no es convertirse en otra persona, ni comparar el propio valor espiritual con el de los demás. El objetivo es preguntarse con honestidad: ¿Cómo puedo servir a Dios con mayor fidelidad en la misión que me ha encomendado? ¿Cómo puedo profundizar mi compromiso con la justicia, la reverencia, la compasión y la responsabilidad moral? ¿Cómo puedo asegurarme de no verme disminuido al descuidar las oportunidades de crecimiento espiritual?
La belleza de la pregunta "¿Por qué deberíamos ser menospreciados?" reside en que surge del amor, no de la obligación. Es el clamor de un alma que no solo desea evitar el mal, sino que anhela acercarse a lo correcto. Ese anhelo es, en sí mismo, uno de los mayores dones que Dios ha otorgado a la humanidad.
Ahora, reflexiona sobre las siguientes preguntas:
- ¿Por qué los hombres de este pasaje buscan participar en lugar de quedar exentos?
- ¿Cuál es la diferencia entre querer evitar el castigo y querer acercarse a Dios?
- ¿He aceptado alguna vez una limitación espiritual demasiado rápido sin preguntarme si había un camino a seguir?
- ¿Cómo puede un noájida buscar una mayor cercanía con Dios sin dejar de ser fiel al papel que Dios ha asignado a la humanidad a través de las Siete Leyes Noájidas?
- Si tuviera que hacerle a Dios una pregunta espiritual sincera hoy, ¿cuál sería?
Shabat Shalom
Por el rabino Tani Burton
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