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Adán y Eva fueron creados inicialmente como un solo ser unificado. El Creador los "aserró", es decir, los separó en dos entidades independientes capaces de unificarse cara a cara. Este proceso de creación de dos seres separados ocurrió el primer Rosh Hashaná, el día de la creación del hombre. Ese día, Adán recibió seis de los siete mandamientos noájidas; el séptimo fue dado en la generación de Noé. El primer ser humano vivió como noájida, y este día del juicio tiene un significado para todos sus descendientes.

La nesirah no es simplemente un proceso de separación; es una condición necesaria para crear la conexión más profunda y perfecta. Podemos comprender esto mediante la siguiente parábola.


Imagina a dos personas unidas, pero espalda con espalda. Están físicamente conectadas, pero no existe una relación real entre ellas. No hay contacto visual, ni diálogo, ni un verdadero vínculo emocional. Ahora, imagina que se separan, pero solo para darse la vuelta y encontrarse cara a cara. En el momento en que se ven, pueden establecer contacto visual, hablar y construir un vínculo emocional profundo y real. La separación física fue un paso necesario para crear la conexión interna auténtica.

Al principio de la creación, el ser creado no tenía la capacidad real de expresarse ni de retornar a Dios por libre elección. La nesirah creó una distancia externa, pero posibilitó una relación cara a cara. Hizo del ser creado una entidad independiente que, por su propia voluntad y anhelo, puede retornar y alcanzar una perfecta unión con su Creador.

En sentido espiritual, este proceso de separación (nesirah) se repite cada Rosh Hashaná. Es un momento de profunda introspección, donde la persona reconoce la infinita distancia que la separa de su Creador. Para completar el propósito de la creación —crear una morada en el mundo inferior—, debe existir un mundo de acción donde se oculte la presencia Divina. Para que cualquier ser humano, desde este lugar, acepte la Realeza y anhele regresar al estado original de unión con el Creador.

Por un lado, nos sentimos como seres creados, lejos del Creador. Por otro lado, precisamente en este momento, el Creador, en su abundante misericordia, nos concede la oportunidad de reconectarnos con Él y traer una nueva vitalidad Divina al mundo. La abundancia total para el año venidero está determinada. Por lo tanto, Rosh Hashaná ofrece profundas reflexiones tanto para judíos como para noájidas. No es solo un Día del Juicio, sino un día de inmensa oportunidad para reconstruir la conexión profunda con Dios y regresar a un estado de cercanía y unidad, similar a la conexión que existía en el comienzo mismo de la creación.

Por el rabino Moshe Bernstein

Fuente:Génesis 2:22. Sefer HaSichos (Libro de Charlas/Discursos) 1992 página 172. Midrash Bereishit Rabbah 8, a.

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