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Parashat Behaalotcha. La lectura de la Torá de esta semana habla del maná, el “pan” que el pueblo judío comió durante su travesía por el desierto. En realidad, existen dos tipos de pan: el pan celestial y el pan terrenal. Basado en Likkutei Sichot, vol. 4, pág. 1035.


El maná y la dimensión interior de la Torá

La porción de la Torá de esta semana es Beha'alotcha, un nombre que literalmente significa “cuando te eleves”, en referencia a Aarón, el Sumo Sacerdote, encendiendo las lámparas de la Menorá en el Tabernáculo. Aunque la parashá contiene muchas historias y temas diferentes, me gustaría centrarme en un tema en particular: el maná, el alimento milagroso que sustentó al pueblo judío durante sus cuarenta años en el desierto.

El don del maná

En esta parashá, el pueblo judío se queja ante Dios. Sienten que les falta comida y agua, y algunos incluso expresan su deseo de regresar a Egipto. En respuesta, Dios les provee maná, el pan celestial que los nutriría durante su viaje.

Nuestros sabios explican que el maná no descendió de la misma manera para todos. Su forma de llegada reflejaba el nivel espiritual de cada persona.

Así, aunque todos recibían maná, la cantidad de esfuerzo requerido dependía de su condición espiritual.

Pan de la tierra y pan del cielo

Los sabios señalan una distinción fascinante entre el pan común y el maná.

El pan común, que proviene de la tierra, requiere un esfuerzo humano considerable. Hay que arar, sembrar, cosechar, moler, amasar y hornear antes de obtener una hogaza. Además, después de comerlo, el cuerpo elimina desechos.

El maná, sin embargo, era diferente. Se le llamaba “pan del cielo”. Si bien algunos tenían que esforzarse más que otros para obtenerlo, una vez consumido no generaba ningún desperdicio. Era un alimento completamente refinado.

Esta distinción conlleva una profunda lección espiritual.

La Torá como pan

Nuestros sabios enseñan que Dios “miró la Torá y creó el mundo”. La Torá es el plano de la creación y, por lo tanto, cada fenómeno del mundo tiene su contraparte espiritual dentro de la propia Torá.

La Torá se compara a menudo con el pan. Así como el pan se convierte en parte del cuerpo de una persona, la Torá se convierte en parte de su mente y alma, transformando quién es.

El rey David expresa esta idea cuando dice que la Torá de Dios está en lo más profundo de su ser.

Dentro de la propia Torá, podemos identificar dos tipos de “pan”:

La Torá Revelada y la Torá Interior

El “pan de la tierra” representa la dimensión revelada de la Torá. Esto incluye:

Estudiar esta parte de la Torá requiere esfuerzo. Se estudian los argumentos entre sabios, se analizan los principios legales, se formulan preguntas y se buscan pruebas. A veces, inmersos en estas discusiones intelectuales, casi se olvida que el propósito final es conectar con Dios.

En contraste, el “pan del cielo” representa la dimensión interior de la Torá, a menudo denominada Pnimiyut HaTorah, especialmente tal como se revela a través de las enseñanzas jasídicas.

Esta sabiduría interior habla directamente de Dios: su unidad, su relación con la creación, lo que espera de nosotros y cómo podemos cultivar amor y reverencia por el Creador. Al estudiar estas enseñanzas, es casi imposible perder de vista a Dios, pues Él es el tema central.

Los sabios describen esta dimensión como algo que se aprende “sin esfuerzo”, sin desperdicio espiritual. Su propósito no es meramente la comprensión intelectual, sino la transformación interior.

¿La Torá interior es solo para los justos?

Uno podría pensar que tales enseñanzas elevadas están reservadas solo para individuos espiritualmente avanzados. Después de todo, el maná cayó directamente a las puertas de los justos.

Sin embargo, la historia del maná enseña exactamente lo contrario.

Incluso los malvados recibieron maná. Tuvieron que esforzarse más para obtenerlo, pero aun así se les concedió. De igual modo, la dimensión interior de la Torá no está destinada únicamente a los justos. Tiene el poder de elevar a todo judío, independientemente de su nivel espiritual.

Ya sea que uno sea un tzaddik, un beinoni o incluso alguien que esté luchando espiritualmente, estas enseñanzas despiertan el amor a Dios, la reverencia a Dios y una conciencia más profunda del propósito de uno mismo.

La Torá Interior y las Naciones del Mundo

Este principio se extiende más allá del propio pueblo judío.

Si bien es cierto que hay partes de la Torá que los no judíos no están obligados, ni siquiera permitidos, a estudiar, también existen muchos aspectos de la Torá interna que son de naturaleza universal. Las enseñanzas sobre la existencia de Dios, su unidad, su providencia y la relación adecuada entre la humanidad y el Creador son relevantes para todos.

Estas ideas ayudan a una persona a comprender:

Si existe incertidumbre sobre qué materias son apropiadas para que estudien los no judíos, se debe consultar a un rabino experto. No obstante, muchas de estas enseñanzas universales tienen como objetivo ayudar a todas las personas a acercarse a Dios.

El maná que llegó a todos

Curiosamente, los sabios derivan esta idea de otro aspecto del maná.

Explican que si el maná no se recogía, se derretía y se convertía en agua. Esa agua fluía hacia ríos y arroyos, donde los animales bebían. Más tarde, cuando los no judíos cazaban y comían esos animales, podían percibir el sabor único del maná.

A través de esta experiencia, llegaron a reconocer la bendición especial y la estatura espiritual del pueblo judío.

En un sentido simbólico, la influencia del maná se extendió más allá de quienes lo recibieron directamente. Del mismo modo, la luz espiritual de la Torá, especialmente sus enseñanzas más profundas, tiene el poder de iluminar el mundo entero.

Conclusión

La historia del maná enseña que los dones más profundos de Dios no están reservados exclusivamente para la élite espiritual. Si bien cada persona puede requerir un esfuerzo diferente para recibirlos, en última instancia están destinados a todos.

La Torá revelada refina el intelecto mediante el estudio y el análisis. La Torá interior refina el corazón al despertar una relación viva con Dios.

Al estudiar ambas dimensiones de la Torá —y al aplicar aquellas enseñanzas universales que son relevantes para toda la humanidad— llegamos a conocer más profundamente a nuestro Creador y a apreciar el precioso regalo que Él ha dado al mundo a través de su Torá.

Buen Shabat.

Charla del rabino Tuvia Serber


Lo anterior es una representación del texto hablado convertido en texto escrito.

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